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La Batalla de Belda

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La Batalla de Belda

Texto de las Crónicas de Al Nasir

En este año (306 de la era musulmana, 919 de la era cristiana) salió en campaña al-Nasir li-din Alláh contra la fortaleza de Belda, uno de los castillos de Rayyu. Su partida para esta campaña fue el martes día 15 de Dul,-hiyya (18 de mayo), con pertrechos completos y el mayor lujo de impedimenta.

Encontró las cosechas de Belda muy adelantadas, pero todavía no a punto de ser cogidas. Confió el encargo de sitiar la plaza a unos de los caides, con un destacamento de mercenarios, ordenándole que fortificara Sajrat ‘Awdan, que domina el llano de Belda, para enlazar esta fortificación con la de los castillos de Sajrat ‘Isam y Banú Bashir, que habían sido construidos en tiempos del emir ‘Abd Alláh.

Mientras, Belda quedaba rodeada y asediada completamente y sus habitantes comenzaban a sentir los efectos del sitio; al-Nasir li-din Alláh, una vez establecido el cerco, se adelantó a la vega de Ru"ayn y sus contornos, por haber tenido ciertas de que allí estaban a punto de hacer la recolección.

Acampó por aquellos parajes, talando panes y luego retornó a Belda, dando orden al hayib Badr de que le atacara. Badr la ciñó y con todo denuedo comenzó a hostigar a la guarnición de la plaza. Dividiéronse dentro de ésta los ánimos, al verse cercados por la cólera de Dios. Los musulmanes pidieron que se les dejase desalojar la plaza, a cambio del aman de sus personas, familias y bienes, cosa que al-Nasir les concedió y, otorgado el amán, salieron de la plaza y se instalaron en el campamento de los sitiadores.

En cambio, los cristianos de dentro de la plaza se negaron a rendirse, persistiendo en su decisión de seguir la guerra. Se les combatió con toda violencia, que los enemigos de Dios resistieron, hasta que Dios los conturbó y quedaron desbaratados. Los mercenarios entraron a saco en el castillo, registraron todo su recinto, reunieron a todas las gentes enemigas altas y bajas y en sus mismos patios les dieron la muerte más atroz, no cogiendo prisioneros nada más que algunos caídes y gentes de nota que quisieron conservar vivos y en los cuales volvieron al real de al-Nasir li-din Alláh, que mandó cortarles la cabeza inmediatamente que los tuvo delante.

De sus magnates se reunieron en el campamento de al- Nasir 170 cabezas, sólo conocidos, sin contar con los que no lo eran. Al-Nasir aseguró luego el castillo de Belda con sus hombres y miró con todo celo por el interés de la plaza y de toda aquella zona dependiente de aquella.”