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Atar al diablo

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Atar al diablo

Atar al diabloLa tradición cuenta que en los tiempos de la Reconquista, el propio diablo vivió en la Cueva de Belda, un enclave en el que se han hallado restos del Neolítico, ante el temor de sus habitantes, que interpretaban como ira del demonio los rayos que veían y el azufre que desprendía la cavidad.

Se cuenta que un grupo de caballeros cristianos pasó la noche junto a la cueva, situada cerca del entonces Camino Real, que unía Antequera con la localidad cordobesa de Rute, en posesión por aquel entonces de los árabes.

Tras un sorpresivo encuentro con el demonio del lugar, los soldados pidieron auxilio al gobernador Fernando de Antequera, quien les envió un fraile para que conjurara la presencia maligna.

El religioso fracasó en todos sus exorcismos, pues el demonio le respondía con todas sus artimañas hasta que el piadoso monje se quitó la cruz y, al grito de “con esta cruz yo te ato”, lo amarró al suelo con una planta de jaramago, con el significado de que el diablo era vencido y quedaba atado a los pies de la cruz.

Desde ese momento, el pueblo fue un remanso de paz, por lo que sus habitantes decidieron repetir el gesto cada año en la festividad de San Marcos.