Más impactante sería la conquista de la península por los musulmanes, aunque no a corto plazo, sino como resultado del largo proceso de islamización que afectó a su población hispano-goda. Toda una serie de tensiones y acontecimientos precipitaron un levantamiento contra el estado cordobés protagonizado por mozárabes y muladíes, cuya comunidad debió de ser algo relevante en este pueblo, pues sumados a la revuelta, la plaza fue considerada con preferencia en la ofensiva que capitaneó el entonces emir Abderramán III en el año 919. La crónicas de Al-Nasir relatan la batalla de Belda.
A partir de esta fecha se produce un despoblamiento de la zona, que no se recuperará hasta bien entrado el siglo XII, viviendo un nuevo esplendor hasta posiblemente mediado el siglo XIV, con una densa ocupación de la falda norte de la sierra así como el área superior, a poniente, en el lugar donde tiempo atrás se emplazara la fortaleza que destruyó Abderraman III.
En el siglo XIII, todo este territorio se convierte de nuevo en zona fronteriza con el reino cristiano, para ser definitivamente incorporado a la corona de Castilla en el año 1424, por obra del alcaide de Antequera Pedro de Narváez. Tras este suceso, el rey Juan II dona todo su término a la villa de Antequera, a cuya jurisdicción perteneció hasta el año 1806, en el que recibe la muy solicitada Cédula de Villazgo, reinando Carlo IV.
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