Esta costumbre ha desaparecido pero es interesante recordarla.
La noche de los Difuntos, los monaguillos se pasaban la noche doblando las campanas. Para soportarlo, los días anteriores recorrían las casas del pueblo pidiendo comida y bebida, lo que se llamaba " La Ureña ".
A cambio, los monaguillos rociaban con agua bendita los cuadros de la casa, fotografías y santos.
Si la respuesta de los dueños de la casa era la de no dar nada, los monaguillos le cantaba.
¡Ureña, Ureña¡
Vamos por la leña!
¿Hay Ureña?
¡Noooo!
En esta mala casa
al infierno vayan, vayan,
las ventanas son de alambre
y las puertas de cartón.
Si por el contrario se les daba algo, la canción era
¡Ureña, Ureña¡
Vamos por la leña!
¿Hay Ureña?
¡Siiii!
En esta buena casa
a la gloria vayan, vayan,
las ventanas son de hierro
y las puertas de madera.
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