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Edad Media

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Edad Media

Una etapa muy comentada y estudiada de nuestro municipio será durante la conquista musulmana cuando Belda se convierte en un enclave estratégico en la rebelión contra el Emirato Cordobés. Aunque como nos indica José Antonio Correa, en El Topónimo Balda: Nota a Ptolomeo Geog. 2. 4. 9, el nombre de Belda proviene de un pasado prerromano, demostrado por las investigaciones realizadas y mencionadas anteriormente, será en este punto posterior de la historia donde esta ciudad toma más relevancia.

La tradición popular sitúa la antigua ciudad de Belda en la Cima de la Sierra del Camorro. Sin embargo, la opinión de diferentes autores y la ausencia de vestigios de lo que antiguamente fuera el Castillo de Belda debido a su posterior demolición tras la conquista cristiana hacen difícil establecer una localización precisa. De cualquier forma, los indicios de un asentamiento en esta cima, junto con algunas investigaciones de las que hablaremos a continuación, parecen asegurar la presencia de un castillo y de la ciudad conocida como Belda o, como popularmente se dice en Cuevas de San Marcos: Medina Belda

De hecho, en este lugar, como bien nos describe María de los Ángeles Ginés Burgueño en su libro Belda: un acercamiento a través de su cerámica, era un enclave que pertenecía a la Cora Rayya, que actualmente equivaldría a la provincia de Málaga. Las coras eran los diferentes espacios territoriales en los que el Emirato Cordobés dividía Al-Andalus. El difícil acceso al lugar junto con su situación montañosa, le confiere un carácter de fortaleza de forma natural. Es la propia autora quien, de hecho, define Belda como un “núcleo fortificado” posiblemente rodeado de asentamientos de menor tamaño que dependían de él.

Como ella misma nos cuenta, fue en el siglo IX cuando aparecen las primeras informaciones sobre la fortificación que se situaba en Belda debido a la rebelión liderada por Omar Ibn Hafsun.  Este señor fue un líder de origen visigodo que rechazó sus raíces para convertirse al islam con la esperanza acertada de conseguir prosperidad ante la llegada de los musulmanes y su nuevo orden. Sin embargo, el descontento con las normas establecidas por el Emirato Cordobés le llevaría a rebelarse y convertirse en el tormento del emirato durante muchos años.

Fue en el año 880 cuando Omar Ibn Hafsun cambia su postura para terminar organizando su famosa rebelión.  Debido a la inconformidad de los diferentes pueblos indígenas con la reciente conquista y las consignas del mando del poder musulmán, se formó una mentalidad de disconformidad que abrazó los corazones de muchos de aquellos pueblos y asentamientos que rechazaron el gobierno del Emirato Cordobés y que terminan acogiendo a este rebelde como líder y formando parte en este alzamiento. En aquel entonces, Ibn Mastana era el dueño de una importante parte de la Subbética cordobesa que incluía nuestra Belda. Al alzarse Hafsun en rebeldía, este decide sublevarse junto a él.

En este punto, es importante destacar la estrategia del líder rebelde. Hasfun levantó numerosos castillos creando un cinturón defensivo difícil de romper para las tropas del sultán. Sus castillos fueron numerosos y se localizaron en diferentes lugares: Mijas, Comares, Santi Petri, Dos Amantes, Ardales, Cañete, Ojén… Incluso se llega a afirmar que había más de 30 castillos bajo su poder. De esta forma, el líder consiguió poner en jaque al Emirato Cordobés durante un tiempo considerable. Una de las fortificaciones más importantes es el Castillo de Bobastro, que se conoce como la sede de este líder y de su rebelión.

Entre esta línea de fortificaciones defensivas se encontraba el Castillo de Belda o la Fortaleza de Belda situado en nuestra Sierra del Camorro. Este lugar, como bien indica María de los Ángeles Ginés Burgueño en su libro, tuvo bastante importancia por su posición estratégica. De hecho, la lucha final en la que, finalmente, se terminó con el movimiento rebelde fue denominada Campaña de Belda. Durante esta acción militar, se reforzaron todas las fortalezas que rodean el castillo o fortificación de Belda que serían: Banu Basir (Benamejí), Sajrat Isam (Castillo de Iznájar) y la fortificación de Sajrat Gawzan o Udan.

Este último lugar, según las investigaciones de la misma autora en Fortificaciones altomedievales en el curso medio del río Genil: Sajrat Udan, se identifica con el yacimiento encontrado en la cima del Camorro del Pantano, de características puramente defensivas y militares según los materiales encontrados.  Además, se observan los restos de dos torres de forma que una controlaría el río Genil y su valle y la otra el poblado de Belda.

La rebelión de Omar Ibn Hafsun no fue un hecho aislado, sino que supuso un gran inconveniente para el gobierno del Emirato Cordobés, ya que consiguió que sus dominios se extendieran desde el Guadiana hasta Almería y desde Sierra Nevada hasta el mar, según nos cuenta Fermín Requena en su artículo De “al-Andalus” peninsular: La campaña de Belda y la villa de Cuevas de San Marcos.

En medio de una rebelión que parecía no tener fin, el Emirato Cordobés decide tomar cartas en el asunto y manda una compañía militar para tomar los territorios del rebelde Hafsun sitiando el Castillo de Bobastro sin mucho éxito, aunque sí que consigue recuperar Archidona (capital de la Cora de Rayya) y varios castillos de Priego.

Ante estas circunstancias, el rebelde negocia una tregua y se traslada a Córdoba bajo una serie de condiciones. Sin embargo, pronto decide volver a rebelarse. Se hace con el mando de lo que hoy sería Osuna, Écija y parte de Córdoba antes de partir hacia Archidona y Bobastro. En aquel momento, tanto Hafsun como Ibn Mastana, señor de Belda, deciden convertirse al cristianismo hecho que marca el principio de la decadencia de su alzamiento, ya que las derrotas comienzan a sucederse a partir de entonces.

Omar Ibn Hafsun muere posteriormente en Bobastro en 911, dejando su fortaleza a manos de sus hijos vencidos finalmente por las tropas del emir Abderramán III, quien ostentaba en aquel momento el poder. Este gobernador hizo alarde de una inteligente estrategia militar en lo que se conoce como la Campaña de Belda. Fue recuperando los territorios sublevados poco a poco y, a la misma vez, estrechando el cerco que rodeaba Medina Belda.

Al llegar hasta nuestra Belda, ordenó segar todos los campos y cosechas con el fin de asfixiar a los sublevados que quedaban en la fortificación y reforzar las fortalezas de las que hemos hablado anteriormente: Banu Basir (Benamejí), Sajrat Isam (Castillo de Iznájar) y la fortificación de Sajrat Gawzan o Udan. 

Lamentablemente para Belda, la población en su interior se encontraba dividida. Abderramán III, aprovechando esta coyuntura, ofreció perdón a aquellos que se rindieran. Los musulmanes decidieron acogerse a la indulgencia demostrada por el emir, pero los cristianos decidieron continuar la lucha, encontrando finalmente todos ellos la muerte al final de la batalla.

Victorioso, Abderramán III volvió a la capital en el año 919, dando por finalizada la Campaña de Belda que se alargó durante un mes y once días, no sin antes reconstruir y asegurar la fortaleza para evitar que la historia de la rebeldía de Omar Ibn Hafsun se repitiera de nuevo. Ibn Mastana, por su parte, no solo vio perder su fortaleza, si no que a ella le siguieron todos sus territorios para pasar a obedecer, finalmente, al rey musulmán.

Como nos indica María de los Ángeles Ginés Burgueño en su obra, tras esta famosa campaña, Belda pasará a formar parte del reino zirí de Granada. Durante esta etapa, los asentamientos cambian su posición, pasando de diferentes asentamientos dispersos dependientes de Belda a un asentamiento de mayor nivel situado en la falda de la Sierra del Camorro. Posteriormente, siendo Fernando III rey, este lugar será avanzadilla cristiana en territorio musulmán. Este enclave volverá a ser fundamental, pues, durante esta época, ya que se situará en la frontera entre dos mundos, el musulmán y el cristiano.

En 1249, estando Belda a manos cristianas, el propio rey Fernando III donará a la Iglesia de Santa María de Córdoba la fortaleza y villa de Bella, nombre con el que en ese momento se conocía a Belda. Tiempo después, decide que el obispo se quede con Lucena y Bella, para, finalmente, darle la consideración de “casa llana” por estar muy deteriorada. En este momento, ya se habla de la mala situación de la fortaleza que dominaba desde nuestra Sierra del Camorro todo el valle, marcando el principio del fin de lo que sería el Castillo o Fortaleza de Belda ya mencionado.

Además, a partir de ahora, el topónimo Belda desaparecerá para ser conocida toda esta zona como Las Cuevas, abriendo una etapa en la que nuestras tierras pasarán continuamente de mano en mano, cristianas y musulmanas, para finalizar bajo el mando de los primeros. De hecho, en 1407, Fernando de Antequera volverá a ocupar un poblado conocido como Cuevas y coincidente como nuestro municipio. Tras esta conquista, vuelve a pasar a manos musulmanas y treguas y luchas se suceden unas a otras.

Finalmente, en 1424, Pedro de Narváez, segundo alcalde de Antequera, reconquistará el territorio de las Cuevas de Belda, que ocupaba lo que es hoy Cuevas Bajas y Cuevas de San Marcos, también conocido este último como Cuevas Altas. En primer lugar, como se nos cuenta en Belda: un acercamiento a través de su cerámica, el nuevo alcalde se dirige hacia Cuevas Bajas destrozando la fortaleza que allí se situaba y haciendo huir a los habitantes hacia Cuevas Altas. Tras ello, destruirá las defensas de este lugar para hacerse con el control de todas las Cuevas de Belda y, con ello, destroza el Castillo o Fortaleza de Belda ante la imposibilidad de defenderlo y su lamentable estado, viendo así nuestra enigmática fortaleza su fin en la historia.

 

 

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